Ajo
16th August 2010, 03:58 PM
El sábado pasado asistí con Cebolla a la boda de unos amigos, José y María.
Están personas de maduros años. Conocimos a María hace treinta y seis años; es madrina de nuestro hijo. Su marido trabajaba como profesor en el mismo colegio mayor que yo, y alquilemos contiguos pisos del colegio. María ya había estado viuda casi quince años. Conocí a José en la misma época, pero Cebolla no le conoció hasta hace cinco años. José había casado antes, pero se divorció hace veintitres años.
Supongo que sepan lo que hagan; me acuerdo de un lema que he leído en la envoltura de un caramelo (¿se llamaban "adoquines"?) que compré en Zaragoza en 2007:
El que se casa y enviuda
y a la iglesia va otra vez,
o es tonto de naciemento
o es que se ha vuelto después.
Como digo, espero que sepan los dos lo que hayan hecho. Y por supuesto espero que fueren muy felices y contentos.
Para la boda me viste en mi traje de lino beige, con camisa blanca y corbata dorada. Cebolla llevó falda y chaqueta juntas, de color azul claro, con blusa blanca de estilo muy sencillo; llevó también su collar y pendientes de lapislázuli. A las dos de la tarde llovía mucha, así que llevamos paraguas con nosotros. Compré esos paraguas (y dos otros también) hace diez años cuando nuestra hija se casó; el primer parte de la fiesta era en el aire libre y en Inglaterra el anfitrión sabio siempre garantiza en verano un buen surtido de paraguas. Optamos por ir en autobús; no quería conducir después de muchos brindis.
La ceremonia religiosa se celebró en nuestra parroquia a las tres y media de la tarde; un poco más temprano que las bodas españolas, creo, pero una buena hora. La ceremonia civil se había celebrado hace tres meses, pero en privado. Había un muchedumbre de personas, las familias de los dos novios y muchos amigos, y la iglesia era llena. Todos llevaban ropa de gran colorido a pesar de la lluvia; era una buena vista.
Presidió a la ceremonia nuestro párroco Don Pedro (un alumno de José hace diez años) y dio el bendición de la boda Doña Margarita, la cura de Littlemore. El coro cantó unos motetes, música de Vaughan Williams y de Wesley, ambos compositores ingleses. Cantaron también unos sobrinos de María; sus padres han puesto música a la letra de dos frases del Cantar de los Cantares.
Durante la ceremonia llegaron muchos nubes, y empezó a llover. Cuando las puertas de la iglesia fueron abierto llovía a cántaros. Después de media hora, volvió en sol, y anduvimos por las calles a la recepción y fiesta, que tuve lugar en el colegio mayor de José. Por supuesto todos saludaron a María y José, y besaron a uno o a otro. Brindamos "por los novios" en champaña, y los queríamos muchos años.
A las seis María y José cortaron la tarta de boda, y todos tomaron fotos. José él mismo había horneado la tarta, y la había escarchado y decorado. Sus hijos me dijeron que había hecho lo mismo para sus propias bodas. Después de la ceremonia de cortar la tarta (¡lo más importante de una boda inglesa!) cenamos.
Durante la cena una batería Caribe (cuatro tambores de acero) tocaba. Luego, cuando habíamos cenado, había baile; y la oportunidad de dar un paseo por los jardines del colegio. Para los niños, y ¡para los ancianos también! había una noria. Así nos divertimos hasta las diez. La fiesta se concluyó con un castillo de fuegos artificiales: cohetes y luces de bengala, fui un gran espectáculo. Todos lo pasaron muy bien a la boda.
Brindemos otra vez más: "¡por los novios!"
Están personas de maduros años. Conocimos a María hace treinta y seis años; es madrina de nuestro hijo. Su marido trabajaba como profesor en el mismo colegio mayor que yo, y alquilemos contiguos pisos del colegio. María ya había estado viuda casi quince años. Conocí a José en la misma época, pero Cebolla no le conoció hasta hace cinco años. José había casado antes, pero se divorció hace veintitres años.
Supongo que sepan lo que hagan; me acuerdo de un lema que he leído en la envoltura de un caramelo (¿se llamaban "adoquines"?) que compré en Zaragoza en 2007:
El que se casa y enviuda
y a la iglesia va otra vez,
o es tonto de naciemento
o es que se ha vuelto después.
Como digo, espero que sepan los dos lo que hayan hecho. Y por supuesto espero que fueren muy felices y contentos.
Para la boda me viste en mi traje de lino beige, con camisa blanca y corbata dorada. Cebolla llevó falda y chaqueta juntas, de color azul claro, con blusa blanca de estilo muy sencillo; llevó también su collar y pendientes de lapislázuli. A las dos de la tarde llovía mucha, así que llevamos paraguas con nosotros. Compré esos paraguas (y dos otros también) hace diez años cuando nuestra hija se casó; el primer parte de la fiesta era en el aire libre y en Inglaterra el anfitrión sabio siempre garantiza en verano un buen surtido de paraguas. Optamos por ir en autobús; no quería conducir después de muchos brindis.
La ceremonia religiosa se celebró en nuestra parroquia a las tres y media de la tarde; un poco más temprano que las bodas españolas, creo, pero una buena hora. La ceremonia civil se había celebrado hace tres meses, pero en privado. Había un muchedumbre de personas, las familias de los dos novios y muchos amigos, y la iglesia era llena. Todos llevaban ropa de gran colorido a pesar de la lluvia; era una buena vista.
Presidió a la ceremonia nuestro párroco Don Pedro (un alumno de José hace diez años) y dio el bendición de la boda Doña Margarita, la cura de Littlemore. El coro cantó unos motetes, música de Vaughan Williams y de Wesley, ambos compositores ingleses. Cantaron también unos sobrinos de María; sus padres han puesto música a la letra de dos frases del Cantar de los Cantares.
Durante la ceremonia llegaron muchos nubes, y empezó a llover. Cuando las puertas de la iglesia fueron abierto llovía a cántaros. Después de media hora, volvió en sol, y anduvimos por las calles a la recepción y fiesta, que tuve lugar en el colegio mayor de José. Por supuesto todos saludaron a María y José, y besaron a uno o a otro. Brindamos "por los novios" en champaña, y los queríamos muchos años.
A las seis María y José cortaron la tarta de boda, y todos tomaron fotos. José él mismo había horneado la tarta, y la había escarchado y decorado. Sus hijos me dijeron que había hecho lo mismo para sus propias bodas. Después de la ceremonia de cortar la tarta (¡lo más importante de una boda inglesa!) cenamos.
Durante la cena una batería Caribe (cuatro tambores de acero) tocaba. Luego, cuando habíamos cenado, había baile; y la oportunidad de dar un paseo por los jardines del colegio. Para los niños, y ¡para los ancianos también! había una noria. Así nos divertimos hasta las diez. La fiesta se concluyó con un castillo de fuegos artificiales: cohetes y luces de bengala, fui un gran espectáculo. Todos lo pasaron muy bien a la boda.
Brindemos otra vez más: "¡por los novios!"